Viste, ché, !qué bárbaro! Ya tenemos "corralito" acá. El año pasado, el Sr. Botín, en la llamada "mejor operación inmobiliaria de 2008", vendió todos los edificios del Santander. Eso quiere decir que barruntaba la que iba a caer. El se salvó de la quema pero no tuvo la menor consideración con los ahorradores del fondo Banif Inmo: Siguió cobrando una alta comisión, no avisó a (¿todos?)sus suscriptores y mantuvo rígidos los dos plazos anuales de salida. La desvergüenza llega hasta el punto de que hoy, (18/2/09), su página web asigna a este fondo un perfil de riesgo ¡BAJO!. Tengo dudas sobre la legalidad de la situación (los gestores personales se comprometen a orientar y prevenir a los inversores, para eso Banif es banca privada; pero puede que sólo privilegiaran a algunos con su información). Aún en el caso dudoso de su legalidad, es obvia la falta de ética de estos tiburones de las finanzas, aunque existe alguna diferencia: el BBV ante una situación similar ha pagado a los suscriptores del fondo. No confío demasiado en que la CNV tome medidas; ya hemos visto que otra Institución, el Banco de España, parece proteger únicamente a los poderosos, y que su gobernador, como si lo fuera de una ínsula caribeña, quiere arrebatar a los trabajadores lo que ni siquiera el dictador Franco trató de hacer. J G Mardomingo
Abajo: Cacerolada en Argentina por el "corralito" de 2001-2002
A finales del siglo XIX, el antropólogo escocés J GFrazer trazó un esquema evolutivo del pensamiento humano a través de los siglos. Según este estudio, que expuso en su obra La rama dorada, la Magia constituiría un estadio primero de la civilización,esta etapa sería sustituida progresivamente por la Religión. Finalmente, esta última sería reemplazada por la Ciencia en un estadio superior de desarrollo del pensamiento y el conocimiento humanos.
A la vista de lo que propagan desde el Vaticano el Sumo Pontífice ylos miembros de su institución, difícilmente puede uno, no ya creer en ese estadio superior fraziano, sino incluso en que la Religión -al menos la católica-romana- haya conseguido superar la Magia primordial.
Largo ha sido el camino del conocimiento humano para desentrañar la realidad material objetiva, desde las teorías de la antigua Grecia, que fundaban que todo lo material estaba constituido por los cuatro elementos, hasta las teorías del flogisto, en el siglo XVII.
Pero, ya a finales del siglo XVIII el francés Lavoisier estableció una ley de difícil falsación, la ley físico-química cuyo enunciado dice que la materia ni se crea ni se destruye, que únicamente sufre transformaciones.
Los descubrimientos a partir de ahí de desarrollaron a velocidad de vértigo hasta llegar a desentrañar la naturaleza de las partículas más elementales.
Ya, siglo y medio después de Lavoisier, Albert Einstein explicó la transformación de la masa en energía y viceversa, pero manteniéndose constante el monto total, es decir masa y energía son la misma cosa, bajo distintas formas.
No importa el tremendo esfuerzo científico de tantos hombres y mujeres.. Esta gente, la clerigaya, cuyo principal esfuerzo es el de rezar y hacer sacrificios a su dios, insisten hasta la náusea en su teoría creacionista, a sabiendas de que no se puede crear cosa alguna de la “nada”, entre otros motivos, porque la nada no existe; es un simple concepto, como el infinito, imprescindible para construir sistemas matemáticos.
Pero, héteme aquí que no se limitan los católico-romanos a ese ejercicio de ilusionismo, un juego que haría palidecer de envidia al mago Copperfield. No, ahora, les ha dado por hacer que desaparezcan seis millones de judíos, los del Holocausto.
El Papa actual ha rehabilitado a un obispo, el británico Richard Williamson, que se emperra en decir que ningún judío murió en las cámaras de gas, según él porque éstas no existieron. Supongo que, según este santo varón, las cámaras que se muestran ahora en los campos conservados como museos, así como los hornos crematorios, serían para que se ducharan los prisioneros y luego se secaran al calor de los hornos. No obstante, este prelado, gloriosamente devuelto al frente del altar por el Papa alemán, está dispuesto a conceder que morirían entre 200.000 y 300.000 judíos, pero ninguno en las cámaras de gas. Supondrá este buen hombre que los censos de población en Europa son un invento reciente.
Entre susperegrinos argumentos, este clérigo señala, por ejemplo, que no había chimeneas tan altas para eliminar el gas o que la retirada de éste hubiera resultado peligrosa para los verdugos, etc....
Menos mal que tenemos a Frau Merkel, y que el negacionismo es un delito en Alemania. Supongo que el antiguo joven nazi dará marcha atrás o les puede pasar a los dos como al cardenal Marzincus, que no puedan salir nunca delas44 hectáreas del Estado Vaticano.
Parece que fue J K Galbraith quien dijo que había dos tipos de economistas: los que no saben nada de esa disciplina y los que ni siquiera reconocen su ignorancia. Bien, este blogger pertenece al primer grupo.
Lo que sucede es que los tiempos de crisis son propicios a la aparición de todo tipo de arbitristas y de intérpretes; recordemos la primera crisis económica de la Historia y la interpretación que el “casto” José hizo al faraón(Génesis, 41)
Viene esto a cuento de lo que acabo de leer sobre la reunión de Davos:
“Los expertos calculan que la tormenta subprimese ha llevado por
delante al menos una cuarta parte de la riqueza mundial…”
(El País, 1/2/2009)
Bueno, yo creo que una destrucción de riqueza tan tremenda sólo tuvo lugar durante los seis años que duró la II GM y, preferentemente, en Europa y Japón. Entonces ¿a qué llaman riqueza estos pájaros? ¿No será que la disciplina económica se aleja cada vez más de la Ontología para adentrarse en la Metafísica? ¿Qué números índice estadísticos utiliza esta gente para medir ese cataclismo?
La “tormenta subprime” no es un fenómeno nuevo. Parece que una de las causas de la “Gran Depresión” fue el ‘boom’ inmobiliario de 1925 en Florida. Cualquier agentede bienes raíces podía comprar grandes extensiones pantanosas en ese estado, dividirlo en parcelas y venderlas tras haber aumentado exponencialmente los precios. La oferta, en principio, iba dirigida a futuros jubilados, pero gentes de todos los estados compraban los títulos de propiedad sin ni siquiera haber estado nunca en Florida. Los Everglades eran una zona pantanosa, infestada de caimanesy de mosquitos, donde ni al arquitecto de Pedro el Grande se le hubiera ocurrido construir. El caso es que la gente pedía préstamos a los bancos para comprar escrituras que luego revendía; hasta que alguien descubrió que a aquello le faltaba un tornillo y llevó a la desconfianza en el Sistema Financiero -quebraron más de 5.000 bancos norteamericanos.
Volvamos a nuestro titular: Toda esa riqueza ahora perdida consistía simplemente en unas cuantas toneladas de papeles con cifras impresas que, juntos, sólo hubieran servido para alimentar las calderas de la calefacción de alguna torre de Wall Street durante una semana.
Lo más curioso de todo esto es la capacidad de autoengaño de los humanos por simple codicia. Las cosas no vienen de ahora, al menos en nuestro país. Ya cuando la crisis de las “.com”, TERRA, que sólo facturaba alrededor de 10 millones de euros y sufría unas pérdidas millonarias, tenía un valor en Bolsa superior al del BBVA o al de Repsol, siendo su activo financiero principal “una lista de clientes”.En poco más de tres años (Feb/2000-May/2003), sus acciones pasaron de valer 155.65€ a sólo 5.25€, según la OPA que ofertó Telefónica., su casa matriz.
Aunque no tengo mucha confianza en el método de corrección por el error, creo quetodos deberíamosenmendar un poco las últimas borracheras consumistas o, al menos, no utilizar para ello los créditos bancarios.
Así, podríamos, por ejemplo:
-Dejar de hacer cola toda la noche para comprar la nueva consola cuando todavía no hemos utilizado todas las funciones de la anterior.
-Evitar ir hasta Tailandia para poder contar a la vuelta que hemos visto a una nativa fumando con el cigarrillo entre los labios menores.
-Dejar de celebrar la comunión de la niñacomo si se hubiera casado con uno de los hermanos Lehman: Todo a crédito en un salón de bodas y bautizos, en el que el encargado, al ver tanta gente, saca hasta los últimos restos de su almacén.
-No empeñarse porcomprar el coche-tanque más grande del mundo para ir asustando a los más pequeños y obligar a los demás vecinos a hacer cien maniobras en el garaje de su casa. Sobre todo porque lo va a usar únicamente el conductor para ir cada día, en Madrid, desde La Vaguadahasta el Parque Juan Carlos I.
-Reprimirse y no ir a las rebajas a comprar todos los harapos reciclados en China, y que un mes después estarán en alguno de los contenedores de“Humana”.
-Desistir de gastar queroseno para ir a un resort de la Dominicana del que no se puede salir, porque ir a la ciudad natural más próxima nos llevaría más de un día a través de una carretera como la de “Le salaire de la peur”, la peli de Clouzot. Toda la ciudad de Benidorm es prácticamente unparque temático, barato y a tiro de piedra, y no se corre el riesgo de que un cubito de hielo espurio te haga pasar las vacaciones sentado en el Klo.
-No volver a llamar gilipollas al que ha ahorrado cuatro euros y los ha metido en el banco, diciéndole que en el chiringo de enfrente le dan el doble o el triple de interés.
-Dejar de “tirar la casa por la ventana” yendo con otro matrimonio a comer a un restaurante que acaba de abrir y cuesta 100 euros por cabeza. Todo porque sirven cabezas de chorlito con trufas dela Auvernia y pollita virgen deshuesada al Armagnac..
(Queda abierta la relación para que los supuestos lectores añadan sus entradas)
--------------------------------
--------------------------------
Lo más triste de toda esta crisis es, como siempre, el factor humano.
Los trabajadores británicos han empezado ya a movilizarse pidiendo a sus gobernantes que discriminen a los trabajadores extranjeros: “Put British workers first”, exigen a Mr Brown.
En realidad no se precisan esas medidas, los puestos de trabajo que ocupan esos parias les discriminan por sí solos. Los gobernantes del primer mundo cuentan esta vez con que la población laboral más afectada no será lo que la terminología marxiana llamaba el “ejército industrial de reserva” de los trabajadores. El nuevo “ejército de reserva” lo componen principalmente esos emigrantes que llegaron atraídos por el boom, y que, como estamos viendo, ahora se les ofrece un billete de vuelta a casa y dinero para los bocadillos. Ya les dejarán volvercuando las vacas flacas hayan engullido a las gordas.
Creo que lo menos importante de la agresión sionista a Gaza es la precisión de las palabras. Estamos dispuestos, si se trata de dialogar, a sustituir genocidio por matanza indiscriminada u otro sintagma similar. Lo tenían todo calculado: cuándo comenzar a matar y cuándo dejar de hacerlo, parece que el supuesto fin venía determinado por la fecha en que ese desdichado torturador texano iba a dejar de protegerlos abiertamente. Ni siquiera se han ido, se han quedado detrás de la puerta, pero, hoy, han decidido proseguir sus atrocidades en el mar, bombardeando a los pescadores palestinos.
Se llegará a algún acuerdo de retirada ¿pudiera ser?. Pero siempre quedará una pregunta ominosa de los sucedido estas últimas semanas: ¿por qué los niños? ¿por qué se han cebado esta vez en los más desvalidos? Sabían perfectamente que los niños estaban refugiados en los edificios de Naciones Unidas, ¿por qué asesinarlos allá? Decir que las milicias palestinas les utilizaban como escudos humanos no deja de ser una repugnante falacia . No entraron ni en los edificios de Naciones Unidas ni en ningún otro para ver quién había allí: destruían todas las casas con bombas de fósforo, de racimo o con las armas más siniestras que poseen. Simplemente su goebbelsiana mentira nos llevaría a recordar una escena de la película “El tren de las 3:10 (a Yuma)” en la que tras un atraco, uno de los conductores de la diligencia se zafa de un asaltante y se escuda tras él amenazando con matarlo. La reacción del jefe de los bandidos, Ben Wade, es matar al cochero con las balas que atraviesan a la vez a su compinche. “Era un débil” dice del bandolero muerto.
El señor Olmert y su sangriento comité están obligados a dar una explicación satisfactoria sobre ese terrible infanticidio: según los datos de UNICEF o de “Save the Children”, la mitad de los asesinados eran mujeres y niños, y de este grupo, las tres cuartas partes eran menores de 16 años (437 hasta hoy). No vamos a entrar aquí en analogías con lo sucedido en la comarca de Belén cuando gobernara el virrey Herodes; aunque ese pueblo tan amante de los Libros Sagrados, sí debería recordar esa leyenda neobíblica. Pero no, tenemos ejemplos más recientes: el del asesinato sistemático de niños judíos, gitanos o eslavos por las hordas nazis. ¿Acaso no han visto o leído, señores judíos de Israel y de otros lugares, “El niño del pijama de rayas"? ¿Por qué, los niños? ¿Lo sabe ese horrible embajador de Israel en España? Señor Olmert y compañía, señores ciudadanos del Estado de Israel, mientras no contesten a una pregunta tan breve, tendremos que ponernos en lo peor.
Uno de los temores de los anexionistas de Israel es que el diferencial entre las tasas de fecundidad entre judíos y palestinos crece sensiblemente a favor de los últimos. Quizá sea eso lo que les lleva a buscar judíos por el mundo, principalmente en el este de Europa, para repoblar los territorios de los que han desalojado a sus habitantes ancestrales. Insisto, las teorías pueden ser muy siniestras, pero en la palabra de esos guerreros deshumanizados queda cualquier otra explicación menoshorrible. JGM
El último otoño nos trajo las últimas novelas de dos autores ingleses, clásicos en sus respectivos géneros: John Le Carré y P. D. James., así como la traducción de “After Dark”, una novela del japonés Haruki Murakami, publicada originalmente en 2004.
P. D James “The Private Patient”
A sus 88 años, P.D. James nos ofrece otra muestra de su talento para el thriller psicológico.
No voy a destripar nada aquí, entre otras cosas porque la autora, ya en la primera línea de su novela, nos dice quién es la víctima y cuándo va a morir asesinada, aunque el hecho no suceda hasta la página 97.
Esas casi cien páginas previas al crimen sirven a la veterana autora para describir minuciosamente a los personajes principales del drama: un número limitado de sospechosos, ya que la novela, como muchas de sus obras anteriores, se desarrolla en un escenario aislado.
Quizá ese entorno hace el desenlace más previsible que en otras obras de la autora, sin embargo, parte del interés de la trama radica más en las motivaciones de los crímenes que en estos.
Al margen de los asesinatos, están como siempre las descripciones cargadas de ironía que la autora hace de las clases acomodadas inglesas –por algo es baronesa James de Holland Park-, así como de otros colectivos pintorescos de las islas.
Una de las constantes en las novelas de P.D. James es la poca simpatía que suscitan las víctimas centrales de sus tramas. No es que la autora les haga merecedores de ser asesinados, pero no cabe duda de que sus muertes violentas no levantan grandes duelos ni entre sus allegados ni entre los lectores. Lo mismo sucede en esta última obra.
La autora mantiene aquí su conocido escepticismo sobre ciertas creencias y ciertos sentimientos humanos.
Sus burlas a la religión y a los clérigos no son tan sarcásticas como las de su anterior “Death in Holy Orders” (tr.“Muerte en el Seminario”), donde parecía haber elegido el escenario para poner en evidencia a los miembros de una iglesia muy próxima a la Católica Romana. Pero no puede evitar comentarios como:
“When you’re dying, call in a priest. He’ll see you’re all right” „But suposse I dont’t know I’m dying?“ „Folk usually do. Time enough then to start bothering your he ad with God.“ (1)
o
„We never drink in the Cressett Arms and we aren’t church-goer“. (He made the last statement with the self-satisfaction of one who has resisted the temptation to fall into a dangerous habit)“
O bien, hacer que un millonario agonizante haga llamar de noche al sacerdote del condado sólo para burlarse de él por última vez.
Es notorio también su escepticismo sobre el amor entre los humanos. Hay padres que no sienten el menor afecto por sus hijos, quizá porque no sintieron ninguna pasión ni amor en el momento de su concepción. Naturalmente, el desafecto es recíproco.
Gentes que se casan o tienen hijos con la persona menos indicada.
Frases como “estaba enamorada de él, pero no lo amaba” o “se trató simplemente de un inofensivo intercambio de placer”
Lo más que está dispuesta a conceder a las parejas es una convivencia civilizada:
Así, en una petición de matrimonio se da el siguiente diálogo:
„You don’t love me. „Perhaps not now, not yet totally, but it will come. All marriages are a process of falling in or out of love. Don’t worry, we shall suit each other very well in bed and out, and this marry will last“
Quizá la avanzada edad de la autora y el previsible riesgo de que sea ésta una de sus últimas creaciones, le han llevado, como sucede a algunas madres, a dejar “bien colocada” a su criatura, al detective que trata de conciliar la poesía con el trabajo policial. Así, ha decidido sacar de su soledad de viudo a ese oficial jefe de Scotland Yard, Adam Dalgliesh y casarlo con una scholar de Cambridge. Resulta de lo más divertido el capítulo en el que Dalgliesh va, acompañado de su novia, a pedir la mano de ésta a su suegro, el profesor Lavenham.
También intenta buscar la paz sentimental para la principal ayudante de Dalgliesh, la inspectora Kate Miskin.
[1]“Cuando te vayas a morir, llama a un cura. Procurará ayudarte en eso”
“Pero, supón que no sé que voy a morir”
“La gente normalmente lo sabe. Es el momento de empezar a marearte la cabeza con lo de Dios” [2]“Nunca vamos a beber al pub de Cresset Arms ni vamos a la iglesia” (Dijo la última frase con la autosatisfacción del que ha resistido la tentación de caer en un hábito peligroso)”
[3]“Pero tu no me amas”
“Quizás ahora no, no mucho, pero todo llegará. Todos los matrimonios consisten en un proceso de enamorarse o desenamorarse. No te preocupes, nos llevaremos bien en la cama y fuera de ella, nuestro matrimonio durará”
John Le Carré “A most wanted man” (*)
Con su elegante estilo literario, su ironía tradicional y su cada vez más acentuada crítica hacia el mundo que nos ha tocado vivir, John Le Carré nos ofrece su nueva novela “A most wanted man” De las cuatro obras que ha publicado Le Carré en lo que llevamos de siglo, dos de ellas dirigían sus críticas hacía temas más alejados de su acostumbrado mundo del espionaje internacional: “The Constant Gardener” (El Jardinero fiel), arremetía contra las prácticas de las grandes empresas farmacéuticas, y “The Mission Song” (La Canción de los Misioneros) trataba del expolio sistemático de los países africanos.
Aunque sólo fuera por el lugar de nacimiento del protagonista de ahora (hijo de ruso y de madre chechena) recordamos enseguida su anterior “Our Game”, que ya tuvimos el gusanillo de releer con motivo del enfrentamiento del año pasado entre rusos y georgianos por las fronteras de Abjacia y Osetia del Sur. La diferencia principal entre el protagonista de “Our Game”y el de esta última novela radica en que en la primera se trata de un aventurero, un conquistador de mujeres y de hombres, de un tipo de acción, seguro de sí mismo; mientras que, ahora, el fugitivo Issa es un joven desvalido que aparece en la ciudad de Hamburgo como si lo hubieran lanzado en paracaídas desde un avión fantasma.
Como sucede en otras novelas de Le Carré, hay en ésta más de un protagonista, en realidad se trata de un triángulo, cuyo vértice más estrecho corresponda quizá al joven Issa, pese a ser el detonante de la trama –algo así como el sastre de Panamá en la novela con este mismo título y del mismo autor.
El resto del reparto lo componen activistas islámicos, abogados, banqueros de dudosa moralidad, viejas amantes cargadas de misterio, policías, agentes secretos alemanes, agentes de la CIA, espías del MI6 inglés e, incluso, espías free-lance; y, sobrevolando todo el relato, la ominosa presencia de los secuaces de Putin, el recuerdo de las prisiones turcas de “El Expreso de medianoche” o el más reciente de la de Abhu Graib, Guantánamo o de otras, aún más secretas.
En el miembro de más edad dentro de ese triángulo, no podenos evitar el reconocimiento de las características del personaje más conocido de Le Carré, George Smuley, ese viejo cínico, irónico, cornudo y sentimental.
Como si la naturaleza siguiera empeñada en imitar al arte, el último día del año pasado traía El País una noticia, que no puedo evitar incluir aquí, al menos sus titulares:
España extradita a un checheno a Rusia sin garantías antitortura
La ONU y el Consejo de Europa, a quien la Audiencia Nacional encomendó su control, se desentienden del preso MANUEL ALTOZANO - Madrid - 31/12/2008
Pueden quedarle horas de estancia en España. El Consejo de Ministros acordó el pasado 12 de diciembre la extradición a Rusia del checheno Murat Ajmedovich Gasayev, acusado por la fiscalía de ese país de lesiones, asesinato y estragos terroristas, así como de integración en banda armada por formar supuestamente parte de un grupo guerrillero checheno. Pero Gasayev será entregado a las autoridades rusas sin que vayan a cumplirse las garantías contra torturas y tratos degradantes acordadas durante el estudio de su caso por la Audiencia Nacional…
(*) Plaza y Janés anuncia su publicación en castellano (y quizá en catalán) para febrero de este año.
“AFTER DARK” de Haruki Murakami
Es la primera novela que leo de este autor japonés y parece injustificado el retraso de su traducción La acción de la novela se desarrolla prácticamente en tiempo real, a lo largo de una noche en la que aparecen y desaparecen personajes muy variados.
No hay crímenes horribles en el relato, sólo una agresión, una muestra de violencia de género, violencia contra el género más débil como es habitual; también aparece algún tipo patibulario, pero todo queda en amenazas más o menos veladas. No obstante, los escenarios y los personajes solitarios, que vagabundean en la noche, consiguen dotar a la trama de un cierto aire inquietante. Contribuye a ello la aparición del narrador omnisciente con frases como “A aquellas horas el barrio funcionaba con sus propias reglas” o la de “el coche que recorre despacio las calles como si hiciera inventario”
No sólo destaca el autor en esos comentarios de observador de la noche, sino en las apostillas que coloca detrás de los diálogos de los personajes, unos diálogos aparentemente triviales pero expresados con precisión e intención, y que expresan claramente los sentimientos de estos solitarios tanto como sus propias palabras.
En los locales “abierto toda la noche” que recorren los jóvenes vagabundos hay una “iluminación anodina” y suena “una música ambiental inocua”.Puede que la música sea innocua, pero no insignificante: el título de la novela lo obtuvo Murakami de “Five Spot After Dark”, una pieza de jazz del trombonista Curtis Fuller: un instrumento, el trombón, de los menos habituales entre los solistas de jazz; y a cada nuevo escenario urbano, el autor le asigna la música más adecuada.
En suma, una grata sorpresa. Una novela que dada su extensión – no llega a 250 páginas- puede ayudarnos a pasar una de esas noches en que uno no puede o no debe dormir.
JGM
Estamos en la web, y hablando de nazis, pero por una vez al menos, nada que ver con la interacción social de Mike Godwin y su conocida ley de reductio ad Hitlerum, según la cualcualquier polémica prolongada en la red acaba con acusaciones de nazismo.
Desgraciadamente, la analogía entre los hechos sucedidos en Europa hace ya casi 70 años y el genocidio que los sionistas del estado de Israel están perpetrando en estos días contra los palestinos de Gaza, y desde hace décadas sobre el resto de los palestinos, nos lleva inevitablemente a la analogía con lo sucedido en aquella triste época.
Veamos, si no, las imágenes del estacionamiento previo a la invasión, de los imponentes tanques junto a la frontera de Gaza, ¿no nos recuerdan, acaso, a los de la Panzerdivisionen las horas previas a la invasión de Polonia?traen a la memoria los del gueto de Varsovia? y su demolición por los tanques camino del exterminio de los confinados al otro lado ¿no es lo que vimos en la películaEl Pianista de Roman Polanski?
¿No es, acaso, la historia del Estado de Israel una ocupación progresiva de la nación palestina, en una réplica de aquella demoníaca justificación de lebensraum de Hitler; la que le llevó a la anexión de los territorios más próximos hasta ocupar toda Europa? ¿No es lallamada a los judíos de otras partes delmundo a ocupar la “tierra prometida” lo que mueve e estos genocidas?
Otra muestra de esa coincidencia es el desprecio que estos bárbaros hacen del Derecho Internacional, burlándose de las resoluciones de Naciones Unidas, al igual que los nazis hacían caso omiso de las de la Sociedad de Naciones.
Está claro que es tiempo de elecciones en Israel, lo que tristemente lleva a que todos los partidos políticos respalden el ataque genocida;incluso los actuales gobernantes aumentan sus expectativas de voto cuanto más cruel es la represión, ¿Acaso no se han de buscar similitudes con el ascenso del NSDAP, que sacó en 1933, sólo los votos suficientes como para gobernar, pero que a medida que aumentaba su belicismo provocador no necesitó más elecciones, porque las hubiera ganado por aclamación?
Otro acto de oportunismo criminal ha sido el de aprovechar el interregno en la Casa Blanca norteamericana y las últimas barrabasadas políticas de ese mentecato sangriento que ha gobernado el “mundo” durante ocho años.
Basta una simple mirada al mapa pare ver que la franja de Gaza es un bocado apetitoso para ese Estado expansionista.
¿Pueden unos pocos cohetes explosivos, que apoyados en un tablón y lanzados “adonde caigan”, justificar esa masacre de mujeres y niños? ¿No resulta inverosímil que la única solución de uno de los ejércitos más poderosos y más tecnificados del mundo sólo sea la de invadir ese apetecible trozo de costa mediterránea. ¿No será, nos preguntamos, el tétrico Mossad, un servicio de inteligencia moralmente tansospechoso como tantos otros, el que guía esos cohetes artesanales?¿No ha mostrado el ejército judío su capacidad para destruir artefactos más complejos en vuelo?
-------------
-------------
Los palestinos sólo tienen guijarros para enfrentarse a los tanques, y nosotros tenemos lo que decía otro poeta: la palabra, y nuestro deber es usarla en este combate tan desigual.
Una película reciente, la última de Ridley Scott, recuerda los versos del poeta inglés W. H. Auden:
“Las víctimas del mal
Responden con el mal”
¡OJO! , no vamos a negar la enorme tragedia del Holocausto, como hace ese irresponsable mandatario iraní; o a trivializarlo, como hacía el otro mal nacido, y peor muerto, dirigente austríaco, pero sí podemos evitar que los sionistas sigan utilizandolo para justificar sus crímenes.
La matanza indiscriminada de millones de seres de etniajudía, junto con ingentes masas de eslavos, gitanos, desvalidos mentales, comunistas, republicanos españoles y, claro está, de muchos alemanes indefensos, supone una tragedia históricamente inolvidable, como la de los armenios a manos turcas; pero, insisto, hemos de situarlo, simplemente,entre otro delos horrores de la historia, de forma que nadie pueda esgrimirlo como una excusa para repetir esos crímenes. No sepuede permitir a esos ciudadanos racistas que sigan utilizando la tragedia del Holocausto para martirizar a otro pueblo con excusas similares a las que tanto sufrir les causarana ellos.
Al fin y al cabo, los habitantes de Gernika no recibieron un solo marco por los destrozos de sus casas y la muerte de sus seres queridos. Los gitanos, a los que en este año se erige un monumento en Berlín, nunca han reclamado nada por su exterminio programado.
Parece que esta vez, el presidente de nuestro Gobierno y la vicepresidenta han mostrado su repulsa a la agresión sionista. Suponemos que el señor Rajoy se solidariza con las víctimas palestinas, porque se ha hecho el muerto.
Dicen que el presidente Zapatero tiene “baraka”; sus opositores hablan de suerte inmerecida. A veces, los avatares de la historia favorecen a los políticos en el poder, pero no parece que haya sido en el caso de Zapatero. Los resultados de lasúltimas generales parecen indicar que en las de 2004 hubieran conseguido un resultado similar, aun sin el concurso de las bombas salafistas, algo que parece haber comprendido de una vez la dirección del PP y sus “mundanos”. Otros dicen que si se hubiera precipitado la crisis económica antes del 14-M , otro gallo les hubiera cantado -de ahí que el Presidente hubiera evitado la palabra fatídica en su campaña-. Un argumento poco verosímil, ya que parece demostrado que, en tiempo de vacas flacas, los electores prefieren las seguridades socialdemócratas a las migajas de la riquezas que pueda ofrecer el ultraliberalismo, véase si no cómo, en sus momentos más bajos, Felipe González venció a Aznar en 1993, con la crisis encima. Quizá fuera más certero centrarse, en lugar de en esa “bendición divina”, en la “desgracia” de su oposición. Ahí, sí mostró su olfato Rodríguez Zapatero, cuando desdeñó cualquier alianza para la iniciada legislatura. Veamos: a su izquierda, quedan los restos de IU, una coalición a la que Ley Electoral y la genética desagregante de sus miembros abocan a la insubsistencia -acaban de elegir como coordinador a un comunista (así, con su devaluada marca de fábrica), que incluso antes de ser elegido, y volviendo a aquella manía carrillista,habla ya de convocar una huelga general. Entre los grupos nacionalistas, parece que quien más quebraderos de cabezaproduce al PSOE es el PSC, sus compañeros catalanes de partido; pero al final todo quedará en una riña familiar. Y, por fin, el gran partido de la oposición, con el señor Rajoy al frente.
Cuando Aznar desveló a su “tapado”, Rajoy, uno recordó el nombramiento de Tiberio Claudio como emperador de Roma, una solución a las conjuras contra otro Tiberio y Calígula. Rajoy, que en su trayectoria ministril había actuado como “comepiedras” del presidente, se ve ungido por el dedo de éste y, claro, nadie rechaza un dulce.
Fueron dos derrotas muy duras, una como favorito y la otra como aspirante, que mostraron todo su dramatismo en la patética aparición en la tele, junto a su esposa, tras el segundo fracaso electoral. De seguir en la cabecera de la lista, todos preludian una tercera debacle. Ya se sabe que Aznar venció a la tercera, pero el héroe de las Azores tenía más carácter, es decir, más mal carácter a pesar de sus risotadas.
Si hay algo que nos parece admirable en elseñor Rajoyes su sinceridad ante los micrófonos: hace poco dijo que la parada militar en homenaje a las Fuerzas Armadas le parecía una tabarra; asunto en el que coincidimos la mayoría de los españoles a excepción del núcleo más duro de su partido, que sigue considerando alEjército como la columna vertebral de la patria. Su última declaración en la televisión pública parece más reprochable, pues dijo que no había acudido a la votación final de los presupuestos generales para 2009 porque había quedado para un almuerzo. Se considera que la función principal de losparlamentos, dentro de su control al Gobierno, es evitar en lo posible que éste proponga unos presupuestos a la medida de sus propios intereses políticos. De ahí que las disputas parlamentarias resulten muy enconadas en este tema. Pero el señor Rajoy comentó a posteriori que creía que todo el pescado estaba vendido y que no merecías la pena darse una vuelta por la Carrera de San Jerónimo (la votación se resolvió por un solo voto y estuvo al borde del empate porque una diputada socialista se quedó atrapada en un ascensor del edificio del Congreso; también sucedió que otro diputado del PP voto a favor,por error). Ya le gustaría a la mayoría de los ciudadanos, votantes o no del PP, poder dejar de ir al trabajo pretextando un almuerzo. Y cuál era el motivo de ese almuerzo tan trascendente, pues una reunión con el señor Mayor Oreja (me viene a la cabeza que este político llegó una vez tarde a una votación de los presupuestos vascos, haciendo que los nacionalistas consiguieran la aprobación tras varios años de prórrogas). Pues parece que el asunto del otro día era proponer a este antiguo ministro de Interior como cabeza de lista para las próximas europeas. Resulta chocante que esa elección se resuelva en la cabeza de Rajoy entre el alcalde Gallardón –considerado por muchos como un demócrata, representante de una derecha moderna y moderada- y este residuo cavernario del aznarismo, por no decir del franquismo.
Así pues, parece que al PSOE le basta con observar desde lejos lo que sucede en el principal partido de la oposición y entre sus múltiples presidentes:
-La indolencia política y la incapacidad resolutoria del actual presidente del PP. -Las declaraciones patibularias del presidente fundador Fraga. -Las recurrentes y rencorosas apariciones del presidente de honor del PP, el señor Aznar, lanzando su aguijón sobre su desagradecido pupilo gallego. -La pugna entre Gallardón y la presidenta de la Comunidad de Madrid: una mujer ambiciosa, astuta, inculta, atrevida, ávida de poder, y dispuesta a no ceder ante ningún enemigo.
Un panorama propicio para que el presidente Zapatero siga mostrando su facetas más optimistas
El fragor desatado en la Primavera de los pueblos trajo consigo cierto despertar de las mujeres, algunas de las cuales se organizaron parareivindicar derechos políticos y derechos de género; muchas no sólo actuaron comocompañeras del revolucionario, caso de Anita Garibaldi, sino de forma más independiente de los hombres, ya fueran las Vésuviennes o la indómita George Sand.
El beatísimo, y hace poco nombrado santísimo, Papa Pío IX, al que el comienzo de esa época fulgurante hizo salir por píes de Roma hacia la napolitana Gaeta, mientras los austríacos, que lo acusaban de “liberal”, ocupaban Ferrara., fue quien, quizá alarmado por el revuelo que podía organizarse en la mitad de su rebaño, decidió equiparar a todo esa mitad del género humano con la madre de Dios, de su dios. Y aquí viene el intríngulis de la cuestión. Sabida es la extravagante manía que le tiene esa gente a la función sexual de los humanos, para la queel menor roce entre las gentes no es pecatta minuta; algo que convierte el pecado original en el pecado carnal. Así pues, aquel santo beato no podía imaginar a la madre de Dios ni al hijo humanizado de éste, como frutos del pecado venéreo y decidió remediarlo. Para ello, decidió este intelectual católico (¡otro!), reinante en época tan convulsa, luchar en varios frentes a la vez. Por un lado, denostaba de todas las derivas del enciclopedismo, hasta el punto de incluir en sus proclamas una tipología de aberraciones laicistas que ni el obispo Rouco podría enumerar. Por otro lado, intentaba que las mujeres permanecieran en su papel de madres amantísimas. La conclusión del Pontífice fue hacer una declaración solemne que incluyera no sólo a los nuevos ismos sino también la irrefutable virginidad de la madre de DiosParece ser que alguno de sus colaboradores –entre ellos nuestro Donoso Cortés- debieron decirle que no juntara churras con merinas; y así apareció por un lado el “Syllabus” como un apéndice que acompañaba a la encíclica Quanta Cura y, por otro, la bulaIneffabilis Deus, en la que se establece no sólo esa virginidad innegable de María de Nazareth sino también la de su madre santa Ana. Para que no quepa duda de la certeza de la afirmación, el propio Papa Pío Nono inventa el concepto de la infabilidad papal para sus dogmas. La lógica del suceso es que, dado que los Evangelios no dudan del embarazo de María y del alumbramiento en el cobertizo de Belén, su concepción a petición del Arcángel la convertiría en la primera madre, el primer vientre, de alquiler de la historia. Para reforzar esa leyenda los padres tridentinos instaron a los artistas a utilizar como modelos para la Virgen a muchachas impúberes y, para san José, a ancianos venerables, sin recordar aquel refrán castellano de que “antes pierde el viejo el diente que la simiente”.
Llama la atención, con lo fácil que les resultaba a los griegos resolver las relaciones carnales entre dioses y humanos, la dificultad de estos cristianos para resolver esas cuestiones. Para los griegos,tras el sicalíptico encuentro de Leda con Zeus, padre de todos los dioses,Hermes pone los huevos resultantes entre los muslos de Leda para que lo “alumbre”. De cada huevo nacen dos mellizos, dos divinos y dos humanos.
La larga historia del cristianismo ofrece teorías más extravagantes para solucionar este problema; así, Agustín de Hipona, otro intelectual católico avant la page , proponía que la Virgen concibió a Jesucristo por una oreja - una historia que nos recuerda las audaces y lúbricas tentativas de un personaje del mexicano Fernando del Paso para con su prima, en la novela “Palinuro de México”.
La diferencia hoy día es que el Estado moderno griego no celebra con tanto boato oficial el alumbramiento de aquel “huevo”. Pero nosotros sí: Los avatares de la historia hicieron que prácticamente coincidieran el día de la proclamación de la Constitución de 1978 (6 de diciembre) con el día de la proclamación de la virginidad de María de Nazareth y de su madre (8 de diciembre) ; y como esa separación entre conmemoraciones tan solemnes llama a un “puente” festivo en lo laboral; que si cae en mitad de la semana puede llevar a cinco días de asueto y, para los más espabilados, a toda la semana, hizo pensar a los políticos constitucionales en, si no hacerlas coincidentes, sí en hacerlas correlativas. El Poder civil instó al Poder vaticanoa mover su efemérides, y éste se negó, aduciendo como que ellos llegaron primero. Los empresarios, quizá los más perjudicados, se resignaron, con la excepción de los industriales de la distribución, probablemente liderados por el “gran almacén”, que aprovecharon la ocasión para separar la fiesta de la madre del hijo de Dios de la madre de los terrenales, y trasladaron la fiesta de esta última al mes de Mayo, un mes donde no se abarrota el consumo de regalos como ocurre en los treinta días entre el ocho de diciembre y el seis de enero.
Y aquí estamos, con una Constitución laicista en su letra y como si no hubiera transcurrido un milenio desde los sucesos de Canosa.
JGM
Arriba: "Inmaculada Concepción" de Murillo. Oratorio de San Felipe. Cádiz Abajo: "Leda y cisne" Museo Matthiesen N.Y.
El castizo y chuleta Defensor del Pueblo ha soltado ¡en la COPE! otra de sus barrabasadas. Ha venido a decir ahora que los que estamos en contra de ese ritual salvaje, de las corridas de toros, somos tontos. No voy a responderle diciendo que él a mi me parece un gilipollas, no, porque no creo que lo sea, pero sí pienso que como político, como político profesional, no le han movido nunca más intereses que los propios, los de su ambición personal. Probablemente fuera determinante esa semejanza con el que lo eligió para el cargo, el cada vez más sospechoso criminal de guerra, del que ahora aparecen pruebas fehacientes de haber ayudado a llevar al suplicio a tantos “presuntos terroristas”, sólo por plantar las pezuñas en la Mesa Oval.
Volviendo al “ombudsman”, creo que su trayectoria en la política activa no puede ser más turbia: comensal con los militares armadistas pocos días antes de la siniestra bufonada de Tejero et al, fue requerido como testigo al juicio de los golpistas –uno de los principales imputados le incluía en la lista virtual de de ministrables de Alfonso Armada. Quizá por su judaísmo ancestral fue de los defensores a ultranza del establecimiento de relaciones con Israel, sin exigir ninguna contrapartida para favorecer el fin del conflicto judeo-palestino, por lo que muchos lo calificaron como “sionista”..
Una vez apagados los revuelos del 23-F, fue nombrado ministro de Justicia, y cuando Felipe González le comunicó su cese, dos años y pico después, no se lo podía creer: “Yo” “A mí” decía incrédulo y ofendido.
En el año 2000, fue elegido por Aznar para el cargo de DP- habría que conmoverse con la ingenuidad del PSOE por consensuar esa propuesta, si no fuera porque, ya en el Poder, apoyó su reelección en 2005. Ante su selección por Aznar, un cínico Zaplana vino a decir que tenían más candidatos “socialistas” en otra terna: el meapilas Vázquez, el apagacirios Bono o el irascible nacionalista español Rodríguez Ibarra. Afortunadamente, parece que los tres están a punto de abandonar la política, a no ser que a Bono se le ocurra formar el “ticket” con su amigo Gallardón para las próximas generales.
Creo que el apoyo del PSOE a este político, cuya deslealtad era ya notoria entre sus camaradas de última hora en el PC, es una más entre las explicaciones que el PSOE tendrá un darnos un día a sus votantes.
Ha transcurrido medio siglo entre la magnífica película de Delmer Daves de igual título –original y traducido- que la recientemente estrenada de James Mangold. Recuerdo el protagonismo del reloj en la primera versión, que en el remake es menos significativo. Si grandes en el recuerdo son Glenn Ford y Van Heflin, no les van a la zaga el dúo actual de protagonistas: Russel Crowe y Christian Bale, secundados por actores como Peter Fonda o Ben Foster (la cara de “malo” de este último me parece comparable a la de su tocayo Ben Kingsley en “Sexy Beast). La película parece el epítome de todos los westerns: Hay indios rebeldes, asalto a la diligencia, cazarecompensas, ganaderos, acosadores de ganaderos, construcción del ferrocarril con mano de obra china, agentes de la Pinkerton,cantinera de pasado turbio, esposa e hijos de ganadero a lo “Shine”, incluso aparece elSéptimo de Caballería en el momento más álgido. En sólo dos horas nos ofrece el resumen de todos los tópicos de este género cinematográfico; nada que ver con el colosalismo de Cecil B de Mille
No se trata de una película de buenos y malos, no, aquí todos los adultos son en mayor o menor grado “malos”; aunque el malísimo Charlie (Ben Foster) sea un modelo de lealtad al jefe, mal correspondida, por cierto. En los primeros planos, el protagonista, Ben Wade, aparece como un tipo cínico y sanguinario, en absoluto correspondiente con la cara noble y bonachona de Russel Crowe. Pasado el primer asalto reaparece ya como un romántico impenitente, y acaba colaborando a su propio ahorcamiento. Bien que un final abierto nos sugiere dos escapadas a lo Houdine: una, cuando le dice al ganadero “medio malo-medio bueno” que es la tercera vez que lo llevan a Yuma para ahorcarlo; la segunda, el plano final de su fiel caballo, escapado como el Zapata, siguiendo al tren donde va prisionero. Del resto de personajes, mueren casi todos, excepto los que prudentemente huyeron de la quema. En los cines de Madrid la habían retirado de la programación normal de las carteleras, pero parece que la han repuesto.
El motivo de este post es la abundancia de declaraciones que una vez salidas de las bocas de individuos más o menos notorios, y no alcanzando tal vez la aquiescencia del auditorio al que se suponía iban dirigidas o levantando reacciones no deseadas, mueven al emisor al yonodijeeso o al semehamalinterpretado; incluso, en el caso de algunos políticos al nonoshanentendido o, en otros más humildes, al “no nos hemos sabido explicar”.
Haciendo un poco de historia, recuerdo a aquel iluminado “consejero delegado” de IU, el parabolista Anguita, que, tras una campaña de acoso y derribo al PSOE, azuzado por Aznar, sólo consiguió añadir un escaño a su ya escuálida formación, bien que a costa de sacar del poder a la izquierda. ¡El electorado no nos entendido!, decía más o menos este comunista. El doctor Llamazares, algo más realista, echa la culpa de su tsunami a la Ley Electoral, que prima a los poderosos, sin reparar, quizá, en que es la misma ley que les permitió otrora una representación más adecuada.
Tras esas elecciones del 11-M, tampoco parecieron muy satisfechos PP ni PSOE con la recepción de su mensaje: Rajoy, porque no dudaba de su victoria, tras su alianza con el Cielo, con el lunático de la AVT, y tras arrebañar votos en colectivos agraviados, como el de los cazadores, que seguían queriendo extender el saturnismo con sus perdigones, o el de los afectados por el timo de los sellos, que pretendían que el Estado sufragase sus pérdidas como podrían pretenderlo los que dilapidan su patrimonio en la ruleta del casino. El PSOE tampoco entendía muy cómo no había conseguido la mayoría absoluta tras el desaforado y desternillante cuatrieño del PP en la oposición.
Quizá sea el señor Rajoy el político que más declaraciones ha tenido que matizara posteriori. Criticar que un número de trabajadores extranjeros legalizados cobran el seguro de desempleo, mientras que muchos andaluces van a vendimiar a Francia, no sólo significa una muestra racista de desprecio hacia los trabajadores extranjeros, sino un desconocimiento de la relación de seguro que mantienen esos y todos los trabajadores con la Administración.
Uno de los casos más recientes de expresiones desafortunadas ha sido el del presunto delincuente y presidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra, que cuando el portavoz de la oposición le estaba cantando las verdades del barquero, no sólo le retiró la palabra sino que lo llamó hijo de puta. Este prócer, que hace poco nombró a su hija senadora, como Calígula nombrara a su caballo, explicó que ese insulto en su tierra es algo normal. Algo parecido sucedió cuando el más alto ejecutivo de la Selección española de fútbol, llamó a un jugador inglés “negro de mierda”. Incluso mi admirado escritor Javier Marías trató dequitar hierro al ex abrupto racista del señor Aragonés; hecho que mereció un duro comentario en el Süddeutsche Zeitung de Munich, bajo el título de “Los tres idiotas” que no eran sino el Presidente de la Federación, el Seleccionador y el propio Marías.
El caso más actual es el oscarizado Javier Bardem. Entre los muchos problemas del PP, destaca su imposibilidad para conseguir una cierta hegemonía cultural entre actores, directores de cine o teatro, músicos o escritores “serios”del ámbito español; algún tipo de identidad cultural. No recuerdo ningún caso en el que de este colectivo artístico surgiera un manifiesto apoyando a la derecha española. Sí, lo contrario. Esta imposibilidad de identidad cultural con los famosos de estas artes hace que cualquier desliz de uno de ellos salte amplificado a los medios controlados por esa derecha. Primero fue Banderas, a quien el diario ABC acusó, no ya de huir de España sino de haber conseguido favores de la Junta Andaluza para vender jamones en EE.UU. Ahora le ha tocado a Bardem. Javier Bardem, hijo de comunistas, suele aparecer comocabecilla de cualquier protesta contra los desmanes de la derecha: Irak, Prestige, sedaciones de Leganés,...Ahora ha sido este actor quien, quizá pensando que seis mil kilómetros son suficientes para que el viento borre las palabras, ha dicho que: “Los españoles son duros” y que “le dan ganas de decir ¡basta! Sois un puñado de estúpidos”. Desconozco lo que dijo en español delante de la traductora, pero en cualquier caso se trata de una oración condicional. Creo que Bardem ni sabe ni le importa lo que diga de él el camarero del bar o el tendero de la esquina; es decir, que se está refiriendo, probablemente,a los componentes de los medios que no soportan ver a un “rojo” pasear por la “alfombra roja”con un óscar en la mano.
Hace ya bastantes años que Ludolfo Paramio, a la sazón miembro de la Ejecutiva del PSOE, dijera que “los periodistas son unos hijos de puta”, declaración que a mi me consta que no rectificó. Fue, sin duda, una generalización exagerada. Personalmente, no creo que abunden más las malas personas entre los periodistas que entre los peritos agrícolas o cualquier otro colectivo. Lo que ocurre es que la función principal del periodista es largar, para bien o para mal de algunos. Asi, en los medios hay individuos geniales que hubieran triunfado en cualquier otra actividad, ya fuera construyendo puentes o investigando en física cuántica. Hay otros, la mayoría, que llenan las páginas de los diarios con sus redacciones; y entre estos, los hay que se inventan conjuras de ácido bórico y matarratas, y otros que defienden el aborto a plazos. Para mí, uno de los problemas es que los periodistas tengan las columnas en propiedad, como los funcionarios sus plazas; lo que me hace pasar de largo por las páginas o soportar el mismo tostón cada día.
Y para acabar con lo de las maliinterpretaciones, trataré algo que, aunque surgido hace algunos meses, todavía sigue en el candelero. Y es que Savater, el autor del conocido “Manifiesto”, parece seguir insatisfecho con el eco de su escrito. En la cabecera de su primer intento de explicación en El País parecía indicar que no haríamás apologías de su j’accuse, pero en la primera semana de septiembre insistía en otro artículo, diciendo que “un texto tan sencillo como el Manifiesto es patentemente malinterpretado” Arranca éste último artículo con una parábola desafortunada sobre los que prefieren no oír. Todo el mundo lo ha oído (leído) y práen que entre los que lo han comprendido y jaleado no figuran quienes Savater esperaba; sí, por el contrario, los Dragó, F J Losantos o los Pedro Jotas y, naturalmente, el señor Rajoy, que se apunta a un bombardeo. Los anhelados, o han hecho comentarios tibios o han guardado un prudente silencio. Aparte de seguir intentando explicárnolo, qué otra cosa podría haber hecho el autor, además de de dejar de insultar a los que lo “malinterpretan”, de los que dice cosas como que él no se pone a cuatro patas como ellos, o que para esos no puede ser un insulto a la inteligencia; argumentos, creemos,poco apropiados para que un catedrático de ética defienda su postura.
Podría, Savater, haber hecho como Steiner, que tras el agravio comparativo que supuso una frase suya para el gallego frente al catalán: rectificó rápida y rotundamente. O, quizá, a la vista de los palmeros que le han salido, podía también haber hecho como August Bebel, el poítico alemán de principios del siglo pasado que al ver, tras un discurso, como le aplaudía la derecha, se dijo algo así como “Qué tontería habrás dicho, viejo Bebel, que te aplaude la derecha”.
Otra posibilidad fuera la de seguir el sabio consejo de Sancho y decir que “cuánto mejor será no menear el arroz, aunque se pegue”
Hace un año que se publicó en Inglaterra y en otros países de habla inglesa un nuevo trabajo del profesorlan Kershaw que, bajo el título: Fateful Choices: Ten decisions that changed the World[1] recoge las diez decisiones trascendentales que, según el autor, tomaron entre 1940 y 1941los contendientes del Eje y los Aliados en los momentos más álgidos del comienzo de la segunda guerra mundial.
Este catedrático inglés de Historia Moderna de la Universidad de Sheffield ya nos asombró con su extraordinaria biografía de Adolf Hitler, dos tomos que suman en español más de 2.200 páginas y que sirven no sólo para describir la vida de tan nefasto sujeto, sino para analizara sus secuaces más próximos y la complicidad tácita o expresa de la mayoría de los estamentos alemanes, así como el influjo del nazismo en la población.Pero además del interés como estudio político-sociológico, nos sirvió su inmenso y documentado trabajo para seguir día a día el curso de la guerra a través del prisma de su principal agente: el nazismo.
Elige el autor diez momentos en el período 1940-1941 en los que los dirigentes políticos de los países envueltos en el conflicto hubieron de tomar decisiones trascendentales.
El primer capítulo, que pensamos que el autor considera como uno de los momentos más trascendentales de la guerra, nos narra la decisión británica de seguir la lucha contra Alemania en mayo de 1940.
En algunos casos, creemos que más que de evaluaciones o preferencias se trataba de simples dilemas impuestos por el agresor: Francia, derrotada militar y moralmente, se rindió; mientras que Inglaterra, amparada por su insularidad, su potente armada, sus colo. El Gabinete de Guerra, presidido por Churchill, decidió entre el 25 y el 28 de mayo seguir combatiendo. Como si el dios de la guerra premiara las decisiones valientes, siete días después se completaba el rescate en Dunkerke del ejército expedicionario británico junto a un contingente franco-belga de casi medio millón de soldados). Poco después, entre Julio y Octubre, se libró una larga batalla aérea entre Alemania y Gran Bretaña, conocida como “La batalla de Inglaterra”. Los británicos lo consideraron, al igual que el “milagro” de Dunkerke, como una gran victoria.No cabe duda de que, si no una victoria, sípatentizó la imposibilidad para Alemania de invadir el Reino Unido.El propio Kershaw reconoce que las decisiones del Gabinete de Guerra entre el 25 y el 28 de mayo no cambiaron nada : “Britain was already at war with Hitler’s Germany, and now simply continúes to stay in the fight” . Pero señala, eso sí, que una decisión tan crucial supuso rechazar la alternativa de una negociación con Hitler y evitar, así, las posibles consecuencias negativas de ese acuerdo.
El segundo capítulo trata sobre la decisión nazi de invadir la Unión Soviética, una decisión personal de Hitler de conquistar el último bastión del continente ymostrar, así, a Gran Bretaña el aislamiento en que quedaba. Un pretexto poco creíble, ya que desde que lo expuso en “Mein Kampf”, la suprema intención de Hitler era buscar “lebensraum” en el este, es decir, en Rusia. La invasión de Polonia fue un simple acercamiento a las fronteras rusas. Kershaw se centra en el wishful thinking de Stalin, que ignoraba los avisos de la inminente invasión nazi.
Probablemente, la decisión más trascendental fue, por parte de Hitler, fue la de invadir la Europa occidental, alterando así la “phoney war”, declarada enseptiembre del año anterior. Quizá no entraba en sus planes iniciales luchar en oeste, pero la declaración de guerra por parte de Alemania y Francia le forzara a ello. El autor no incluye este hecho, ya que se ciñe estrictamente al periodo 1940-1941.
Hay tres capítulos que tienen un denominador común: la declaración de guerra del Tripartito a los Estados Unidos. Primero Japón, tras su sorpresivo ataque a Pearl Harbour y, cuatro días después,la de los otros dos miembros del Eje.
Kershaw se pregunta cómo pudo suceder que esos tres países, que no tenían ninguna posibilidad de atacar el territorio norteamericano, tomaran una decisión tan arriesgada a corto, medio y largo plazo, sin ninguna obligación pactada, ya que los acuerdos entre los tres sólo suponían el apoyo de los otros en caso de agresión de un tercero, hecho que sucedió a la inversa. En el caso alemán, considera que fue un gesto más de la irracionalidad del Führer en su huída hacia delante, tras ver fracasados sus intentos de derrotar a Gran Bretaña y de someter a la URSS (intentos fallidos de rendir Moscú yLeningrado).
En el caso japonés, parece que las decisiones tomadas en 1940 le forzaban a la acción un año después. Señala el autor que la incontinencia de sus jefes militares y el fatalismo del Emperador sólo contemplaban en su afánexpansionista el dilema de ir hacia el norte (soviético) o atacar el sur (anglo norteamericano). Kershaw nos muestra que cualquier intento de evitar la guerra era renunciar al“incidente chino” y mandar a casa a las tropas desplegadas en el continente asiático; algo a lo que ni el Ejército ni la Armada japonesa estaban dispuestos a permitir.
En el capítulo dedicado a la Italia fascista, Kershaw muestra las dudas de Mussolini sobre cuándo intervenir. Ni el rey Victor Emanuel III, ni la opinión pública italiana parecían mostrarse muy por la labor. Finalmente entró en la contienda en Junio de 1940, deslumbrado por el derrumbe francés pero también cuando los alemanes empezaron a la imposibilidad de invadir Gran Bretaña y ganar, así, la guerra en el oeste.Cuatro meses después, decidió, unilateralmente, Mussolini la desdichada aventura de invadir Grecia –parece que Hitler pataleaba de rabia-. Y al año siguiente tomaba la, para el autor, hilarante decisión de declarar la guerra a los Estados Unidos.
Como parece norma en los profesores ingleses, el autor no se muestra, en general,insultante con los individuos. Puede hablar de lunacy en las consideracionesde los líderes o de psichofancy o inepcia en la de sus lugartenientes, pero llaman la atención sus juicios sobre la actuación italiana en el conflicto. EscribeKershaw al final del capítulo dedicado a Italia:
“The imbecility of Mussolini’sdecision reflected the dictator’s personal shortcomings. But it was also the imbecility of a political system”[2]
En el capítulo dedicado a la operación “Barbarroja”, la invasión de la URSS por los nazis, establece Kershaw un paralelismo entre Stalin y Hitler en cuanto al poder absoluto que detentaban, algo menos notorio en el caso de los otros miembros del Tripartito (ni Mussolini ni Kenzo o Tojo eran jefes del Estado), si bien la diferencia entre los dos dictadores era que mientras que Hitler destituía a sus generales, Stalin los hacía fusilar; un hecho que, en el segundo lustro de los treinta, consiguió descabezar el mando militar soviético.El autor valora, sin embargo, la decisión de Stalin de permanecer en Moscú cuando las tropas alemanas se encontraban a pocos kilómetros de la capital. La alternativa era la rendicióno trasladar su puesto de mando detrás de los Urales.
Son dos los capítulos en los que Kershaw aborda la posición norteamericana tras la invasión alemana de Francia. Los comienzos del conflicto sirvieron ya para despertar la necesidad de reforzar el débil potencial bélico norteamericano –en 1933, su ejército contaba sólo con 140.000 soldados, una cifra ridícula comparada con la de los ejércitos europeos-. El autor, buen conocedor de las relaciones entre los poderes del sistema presidencialista norteamericano, describe los pasos meditados de Roosevelt para no enfrentarse al aislacionismo del Congreso ni a una poderosa opinión pública: el Presidente había hecho en 1940 una solemne declaración a las madres norteamericanas, prometiéndoles que bajo ningún concepto enviaría asus hijos aluchar a ningún país extranjero.
Nos describe el autor cómo, pese al ansia de Churchill por ver a Roosevelt comprometido en la guerra, los pasos del presidente norteamericano fueron cautelosos. Tras un período de dudas, aprobó la cesión de cincuenta destructores, que aunque no prestaran una ayuda valiosa, sirvieron para elevar la moral británica y enfurecer a Hitler. Kershaw describe el talento carismático de Roosevelt, cuando, recurriendo a una ingeniosa parábola justificaba el deber de prestar la manguera al vecino de al lado si se incendiaba su casa, sin negociar previamente las condiciones del préstamo; convenciendo, así, a sus ciudadanos de la necesidad del acuerdo de“Prestamo y arriendo” por el que se enviaba material estratégico a las islas británicas.El paso posterior fue la protección de los convoyes que llevaban ese material. Roosevelt no tuvo necesidad de continuar su pugna política con el aislacionismo parlamentario ni con las reticencias de la opinión pública : el salvaje ataque japonés a Pearl Harbour y la irreflexiva declaración de guerra de los miembros del Tripartito zambulló bruscamente a Estados Unidos en el conflicto, ya mundial.
El último capítulo versa sobre el Holocausto. Duda el autor en señalar, dentro de la guerra más cruel que nunca haya sufrido la humanidad, cuál ha sido el mayor de los horrores: bombardeo masivo de ciudades indefensas, matanza de prisioneros de guerra, éxodos forzados de grandes colectivos, represalias sobre civiles, etc. Pero hay un hecho que para el autor señalará para siempre el summum del horror: la matanza planificada, burocratizada y sistemática de seis millones de judíos (señala el autor que el objetivo era el doble de esa cifra).
Establece Kershaw un paralelismo inicial entre la matanza de más de un millón de armenios en Turquía a principios del siglo pasado y el Holocausto. Una matanza indiscriminada aquella, cuya impunidad solía utilizar Hitler ante sus generales para persudiarles de perpetrar sus fechorías.De ahí que nos reafirmemos en que ningún crimen contra la humanidad debiera prescribir.
Tras la declaración de guerra a los Estados Unidos en diciembre de 1941, parece que Hitler decidió que ya no había ningún impedimento para llevar a cabo sularga y meditada intención de “limpieza étnica”, eliminando a los judíos de Europa.
El autor nos muestra que en realidad, la “solución final” no fue una decisión tomada en un momento preciso. Los orígenes se situaban en la paranoia lunática que Hitler ya mostraba en sus escritos y discursos veinte años atrás, sobre todo en su obra cumbre “Mein Kampf”, aunque ya lo había expresado en 1919, culpando a los judíos de la derrota alemana enla 1ª GM. No importaba que los judíos constituyeran una minoría(en 1933, eran el 0.76% de la población alemana) que no controlaba ningún área de influencia en el país e, incluso, que se sentían integrados socialmente. Ya en su biografía de Hitler, el autor intentó descubrir los motivos de esa paranoia en el Führer, sin llegar a ninguna conclusión; parece que hasta el médico que trataba a su adorada madre era judío. Ya en 1933, comenzó el boicot a los negocios judíos. Siguieron las leyes que los incapacitaban para ocupar cargos públicos. Los pogromos de 1938 (Reichkristallnache) hicieron sonar todas las alarmas. La “profecía” de Hitler en enero de 1939 fue el aldabonazo final. Bastantes judíos alemanes comprendieron que, parafraseando a Faulkner, “las malas personas no te engañan, no cambian nunca”y se exiliaron en ese período, malvendiendo sus propiedades o pagando ignominiosos “rescates” al Gobierno nazi. Más trágica fue para el autor la suerte de los judíos soviéticos o los del resto de Europa, que de un día para otro vieron, desprevenidos e inermes, cómo caía sobre ellos la bota nazi.El autor nos habla de la complicidad que encontraron los verdugos alemanes en muchos de los países invadidos, por ejemplo en el infame Gobierno de Vichy.
A lo largo del análisis de esos momentos trascendentes, no trata el autor en ningún momento de proponer ucronías. Incluso emplea en sus reflexiones finales el pasado de los verbos modales ingleses, por cierto incursivados: might, could; considerando loswhat if como meros ejercicios especulativos (“a harmless but pointless diversión from the real question of what happened and why”).
Las notas y la bibliografía utilizadas por el autor ocupan 112 páginas de la obra, lo que idea de la minuciosidad, el rigor y la pasión investigadora de Ian Kershaw.
Si bien el autor no explicita en ningún momento cuáles fueron los puntos de inflexión en ese conflicto, si facilita al lector la visión de cuáles fueron de los hitos que marcaron los cambios de rumbo en la contienda. Naturalmente, los más de seis decenios transcurridos permiten hoy este análisis, lo que no impide que imaginemos la dificultad de cualquier prognosis en aquellos días y veamos lo relatado con todo el dramatismo con que lo expone el autor.
Todas las guerras tienen componentes altamente irracionales, pero ante el momento histórico desconcertante enque nos sumerge el trabajo de Ian Kershaw, nos parece difícil contemplarlo desde un prisma polemológico, haciendo cualquierestudio científico de la guerra como fenómeno social.
Desde finales del siglo pasado, la Teoría de la Decisión Racional (Rational Choice) se ha convertido en una escuela fundamental de la ciencia política. En esta obra, anterior al establecimiento de esas teorías, nos encontramos con unos procesos de toma de decisiones (Decisión Making) que ya sabemos que no tienen por que ser racionales.
En suma, un penetrante análisis de unos momentos decisivos que presumiblemente cambiaran el curso de la Historia de la Humanidad y que no sólo alteraron los mapas geográficos y étnicos europeos, sino que afectaron en mayor o menor medida a todos los continentes.
JGM
[1] He leído en la Web que Editorial Península prepara una traducción de esta obra
[2] “La imbecilidad de la decisión de Mussolini reflejaba su mediocridad intelectual, así como, también, la imbecilidad de un sistema político”